Vuelos hacia otros universos: el binomio fantástico

por: Aviondepapel.com

El encuentro de ese lugar donde transcurre nuestra ficción se puede conseguir mediante dos palabras dispares, unidas con la imaginación, para conformar un universo literario. Éste es el reto lanzado por el italiano Gianni Rodari a los aviadores con pocas horas de vuelo y que se encuentren bloqueados y angustiados frente a un papel en blanco.

En uno de los capítulos de Gramática de la Fantasía, Introducción al Arte de Contar Historias, el autor italiano describía el binomio fantástico, un simple ejercicio para fomentar el caudal imaginativo del escritor.

La técnica descrita comienza tal que así: abrir un diccionario, elegir al azar dos palabras sin ninguna relación lógica en su significado (patata y lápiz, tubería y nube,…) y combinarlas hasta crear un contexto lleno de fantasía.

“Hemos visto nacer el tema fantástico a través de una palabra (…), pero para provocar una chispa, no basta con un sólo polo eléctrico, debe haber dos. Una palabra sola actúa cuando encuentra otra que la provoca, que la obliga a salir de su camino habitual y descubrir su capacidad de crear nuevos significados”, explica Rodari en su libro.

Los escritores que se adentren en este ejercicio imaginativo deben evitar las parejas de palabras con universos comunes, deben eludir lo que Rodari llamó el binomio lógico, como, por ejemplo, caballo / jinete y también la contraposición, como bueno / malo.

En cambio, la búsqueda trata de encontrar la combinación de vocablos alejados de su propio contexto. El creador los unirá, entonces, en un imaginativo y extraño parentesco que los permita convivir.

Un truco muy útil es anexionar ambas palabras con preposiciones o verbos de acción y luego incorporar una situación o una escena casi cotidiana con la que su mezcla parezca natural. Cuanto más contraste semántico posean los dos conceptos y menor carga abstracta, más fuerza e intensidad tendrá el relato.

Gabriel García Márquez alumbró uno de los binomios más fantásticos de la literatura latinoamericana con el que comenzó su novela cumbre, Cien Años de Soledad. En el primer párrafo, el autor colombiano contrapone dos conceptos carentes de significados colindantes: un pelotón de fusilamiento + un bloque de hielo:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea…

Su fusión sirve como puerta de entrada a un universo maravilloso, un lugar real, aunque mágico, llamado Macondo, donde todo era tan reciente que las cosas no tenían nombre y había que señalarlas con el dedo.

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