Deus ex machina, despertar del sueño a un sonámbulo

por: Aviondepapel.com

Cuando el aviador toma los mandos de su aeroplano para iniciar su primer borrador, emprende un vuelo hacia una ruta literaria de ensueño, pero sin un lugar donde aterrizar. En estos viajes sin itinerario, debemos evitar que el embrujo del deus ex machina despierte del sonambulismo al lector.

El relato clásico funciona con un fuselaje formado por el principio (planteamiento), el conflicto (nudo) y el final (desenlace). Bajo esta estructura, el escritor se enfrenta al duro trance de convertir una anécdota en un cuento.

Así, antes de culminar la historia, existe la tentación de finalizarla con un final inesperado:

“Y, entonces, se dio cuenta de que todo fue un sueño”.

Esta conclusión de abracadabra es lo que se denomina deus ex machina. Se trata de una intervención providencial que llega desde fuera sin anuncio previo; es decir, sin un goteo anterior de la información (cadenas metonímicas) que sostenga un final verosímil.

El nombre de deus ex machina (dios que aparece gracias a una máquina) proviene de la época griega. En el teatro heleno, existían unas plataformas móviles que subían y bajaban accionadas por poleas (machina). En ellas se situaban los dioses (deus), que aparecían desde fuera de la acción teatral (fuera = ex).

Estas apariciones deus ex machina se trasladaron a la literatura para nombrar los finales sorpresa, en los cuales un personaje (o un hecho) divino solucionaba la trama.

El lector despierta de su sonambulismo defraudado y traumatizado por ese desenlace prodigioso. Los escritores avezados aconsejan curarse en salud de este proceder poco literario.

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