Relatos que suplen la gran novela sobre la Guerra Civil española

por: David González Torres

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Durante más de un año, el escritor Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) ha estado investigando, encontrando y leyendo cuentos que abordaran diferentes perspectivas sobre la Guerra Civil española.

El resultado es Partes de guerra (RBA, 2009), cuyo título es un préstamo de un poemario de Juan Bonilla. En la presentación en Madrid de esa ingente antología, dijo Pisón que ha querido antologar una colección de relatos que suplan “la gran novela no escrita sobre la Guerra Civil”. ¿Lo ha conseguido? Pues sólo basta leer la propuesta.

Los 35 cronológicos partes de guerras los firman 31 escritores como Ignacio Aldecoa, Bernardo Atxaga, Max Aub, Francisco Ayala, Arturo Barea, Pere Calders, Juan Campos Reina, Manuel Chaves Nogales, Miguel Delibes, Jesús Fernández Santos, Juan García Hortelano, Francisco García Pavón, Rafael García Serrano, Xosé Luis Méndez Ferrín, Ana María Matute, Edgar Neville, Lino Novás Calvo, Ramiro Pinilla, Fernando Quiñones, Manuel Rivas, Mercè Rodoreda, Tomás Segovia, Ramón J. Sender, Manuel Talens, Andrés Trapiello o Juan Eduardo Zúñiga.

“No es una antolgía más. Intenta estar por encima de lo que es una antología de cuentos sobre la guerra. Aspira a ser aquello que todavía no se ha publicado en España: la gran novela sobre la Guerra Civil; la novela definitiva, aquélla que impida que otros autores vuelvan a tocar este tema literario; aquélla que haya abordado la guerra tan a fondo que, como ocurrió con Guerra y Paz, prácticamente, la agote. Y como da la sensación de que esa novela no va a existir nunca, Partes de guerra es una especie de sucedáneo. No es exactemente lo mismo, pero confío en que se le parezca bastante”, aseguró Pisón durante la puesta de largo del libro.

Así, los relatos de Partes de Guerra tienen una unidad no sólo temática, sino también estructural. Están recopilados para que su lectura denote un orden cronológico de los acontecimientos. En cada relato, el lector puede seguir estos cuentos “como si fuera una novela”, según aseguró Pisón.

“No siempre puede ser; por ejemplo, hay un cuento como el de Francisco Ayala (El tajo), donde anticipa cosas que van a ocurrir posteriormente. Y también me cabe el honor de facilitar una segunda vida a muchos cuentos de los cuales no se tenía ni noticia”, afirmó.

En este sentido, Pisón ha encontrado e incluido en Partes de Guerra un cuento de Ramón J. Sender (La lección) que sólo había sido publicado en un periódico de París en el año 38; o un cuento de Pere Calders (Las minas de Teruel), editado en catalán, pero inédito en castellano.

“El lector de este libro encontrará varios relatos concebidos desde el compromiso explícito con uno u otro bando, y no está de más recordar que los autores de algunos de esos relatos colaboraron muy activamente en labores de propaganda: Arturo Barea y María Teresa León para la España republicana; Edgar Neville para la nacional. Sin duda, en el fragor de la contienda fueron muchos los escritores que se adaptaron a la situación de emergencia y alteraron su sistema de prioridades: contribuir a la victoria bélica, aunque fuera con algo tan modesto como una narración o un poema, estaría siempre por encima de cualquier otra consideración”, enuncia Pisón en el prólogo del libro.

“Cuando reuní los 35 cuentos de 31 autores de diferentes generaciones, diferentes lugares, que hablan del campo y en la ciudad, desde el frente y en la retaguardia, la idea era que la antología abarcase la guerra en su totalidad; y que este libro de relatos llegara a sustituir a esa novela colectiva sobre la Guerra Civil que no se ha escrito; y no sabemos si alguna vez se escribirá”, reiteró Pisón en el acto de presentación.

P.D. : Es curioso que dentro de esta temática como es la de la Guerra Civil no participe como antologado el escritor madrileño Alberto Méndez. Digo curioso porque el propio Martínez de Pisón tenía en mente un cuento de Los girasoles ciegos para incorporarlo cuando la tenía bastante avanzada hace unos seis meses la genética de la antología. ¿Por qué no ha entrado entonces Méndez en esta recopilación? No sólo Pisón lo sabe. Es vox populi.

P.D. 2: Me quedo también con estos cuatro fragmentos del prólogo de Partes de guerra, que nos ha cedido Ignacio Martínez de Pisón:

“La buena literatura nacida al calor de la propaganda ha terminado desprendiéndose de la ganga, y lo que ahora importa no son las altas motivaciones que inspiraron a sus autores sino el compromiso de éstos con la verdad, aunque sea con una verdad de naturaleza literaria. O, mejor dicho, lo que importa es eso y lo de siempre: la precisión expresiva, la construcción de personajes de carne y hueso, la hondura del conflicto abordado, la sutileza en la creación de atmósferas, la fluidez narrativa…”

“Refiriéndose a la narrativa surgida de la guerra civil italiana (la guerra partisana de 1943 a 1945), Italo Calvino sugirió que podía toda ella ser leída como un macrotexto unitario: un libro de mil padres, capaz de hablar en nombre de todos los que habían participado en la lucha. Con la literatura que sobre la guerra civil española escribieron quienes intervinieron en ella podría hacerse algo similar. El material de partida es bueno y abundante, porque han sido muchos los escritores que han acertado a convertir sus experiencias de esos tres años en gran literatura. ¿Por qué, entonces, no probar a componer con los relatos escritos por unos y por otros una suerte de novela colectiva sobre la guerra civil? ¿Y por qué limitar el proyecto a las generaciones de escritores que vivieron el conflicto desde dentro y no ampliarlo también a aquellas que, por razones cronológicas, sólo han podido percibir sus ecos y consecuencias?”.

“Han pasado más de setenta años desde el comienzo de la contienda, y lo que está claro es que sobre ella han escrito literatos de todas las generaciones: los que intervinieron en ella, los que la padecieron en la niñez o la adolescencia, los hijos de éstos o de aquéllos, los nietos… Tanto unos como otros podrían con idéntica legitimidad participar en esa hipotética novela coral, y ésta no sólo ampliaría su perspectiva histórica sino también la diversidad de sus enfoques literarios, dado que la documentación y la inventio por fuerza habrían de servir de contrapunto a una narrativa del testimonio y la memoria.

“De ahí el orden cronológico, que propone un recorrido desde poco antes del 18 de julio de 1936 hasta poco después del 1 de abril de 1939. De ahí también cierta aspiración a la globalidad: en este volumen encontrará el lector relatos escritos originalmente en español pero también en catalán, gallego y vasco, relatos escritos por hombres y por mujeres, de derechas y de izquierdas, de autores que pertenecen al mainstream y autores que no, relatos ambientados en la España nacional y en la republicana, en el frente y en la retaguardia, en el campo y en la ciudad, en el norte y en el sur… “

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