Vargas Llosa y el imaginario pesimista de Juan Carlos Onetti
01/03/2009 por: David González TorresLa figura literaria de Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909; Madrid, 1994) es inabarcable, aún más si a este lado del Atlántico todavía se le considera un escritor poco leído. De hecho, algún que otro lector que acudió a la presentación del reciente libro de ensayo de Mario Vargas Llosa, en Casa de América, titulado El viaje a la ficción - El mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara, 2008), confesaba sin rubor no haber siquiera ojeado obras del literato uruguayo tales como El astillero, ni Juntacadáveres, ni Cuando ya no importe, tampoco el celebrado cuento onettiano El infierno tan temido…
Ahora, quizás tengan la oportunidad de entrar, descubrir y descifrar el territorio imaginario de Onetti de la mano de Vargas Llosa. O tal vez no. Porque creo que la magia de esa ciudad purgatorio, esa ciudad imaginada por Juan Carlos Onetti, llamada Santa María, no es un mapamundi fácil de asimilar como lector, aunque merezca la pena su lectura por su profundidad o modernidad, por sus reminiscencias a William Faulkner o Raymond Chandler, y a tantos otros autores de referencia universal para cualquier escritor, como Joyce, Balzac, etcétera.
De hecho, Juan Cruz, durante la presentación del libro de Vargas Llosa, relató su acercamiento a Onetti en los años que el escritor residía en España, postrado día tras día en su cama, aislado de la realidad, fumando, bebiendo güisqui. Cruz confesó que Onetti tenía dos retratos en la habitación donde trascurrieron sus últimos años de vida. Esos dos retratos eran, uno de Faulkner, siempre a la vista; y otro de Chandler, que el escritor uruguayo desclavaba y clavaba con chinchetas para mostrarlo a sus amistades más íntimas.
“Juan Carlos -refiriéndose a la personalidad doble de Onetti (nombre y apellido)-se quedaba echado en su cama, mientras Onetti se lanzó al mundo. Onetti vivía contra la pared, como Julio Cortázar”, dijo Juan Cruz durante el evento de Casa América.
Así, con este preludio, Mario Vargas Llosa presentó este libro ensayístico, donde recoge la esencia literaria onettiana. Dicho en las propias palabras del escritor peruano: “Onetti narra un mundo real, y otro imaginario como refugio o escapatoria para quienes sienten que la vida se ha vuelto invivible, para quienes no quieren caer en el suicidio”.
El eje central y narrativo de Onetti, según Vargas Llosa, se apuntala en una estructura que se repite: “Un hombre y una mujer sufren una gran tensión (económica, sentimental, politica, …) que los lleva a las orillas de un abismo y los desploma. Luego, ambos se fugan hacia lo imaginario como refugio. La obra de Onetti es la obra de la frustración, la obra que está unida a Latinoamérica, aquellos países donde la empresa de vivir es una empresa abocada al fracaso”.
En El viaje a la ficción…, Vargas Llosa escribe: “Acaso en ningún otro autor moderno aparezca con tanta fuerza y originalidad como en las novelas y los cuentos de Juan Carlos Onetti, una obra que, sin exagerar demasiado, podríamos decir está casi íntegramente concebida para mostrar la sutil y frondosa manera como, junto a la vida verdadera, los seres humanos hemos venido construyendo una vida paralela, de palabras e imágenes tan mentirosas como persuasivas, donde ir a refugiarnos para escapar de los desastres y limitaciones que a nuestra libertad y a nuestros sueños opone la vida tal como es”.
“Onetti fue el primer novelista de lengua española moderno, el primero en romper con las técnicas ya agotadas del realismo naturalista (…), el primero en utilizar un lenguaje propio, elaborado a partir de un lenguaje de la calle, que no creaba esas cesuras típicas de la literatura costumbrista…, que construía historias utilizando técnicas de vanguardia como el monólogo interior, las mudas de narrador, los juegos con el tiempo”, apostilla en su ensayo Vargas Llosa.


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Con Onetti me sucede lo mismo que con las películas de Bergman : me patean el alma..!
por consiguiente dejé de frecuentarlos…
ciao
América, cuanta razón tienes. La lectura de Onetti no es agradable, pero ¿no es eso la vida? Leer sobre el pesimismo, a menudo, nos ayuda a valorar lo que tenemos. ¿O es lo que hemos perdido? No lo sé.
De todas maneras, gracias por visitarnos. Muy fuerte el abrazo.
Cuando comenzamos a escribir creemos que las palabras nos unen con la realidad. Pero llega el momento cuando nos damos cuenta de la verdad: las palabras nos apartan de la realidad, con ellas pretendemos construir una vida paralela, una vida que queremos más digna. Lo logremos o no, las palabras no son más que el instrumento con el que esperamos culpar a la vida y no responsabilizar a los hombres de los horrores que practicamos contra nosotros mismos.