Literatura que profetiza cómo seremos el día después del fin del mundo

18/12/2009 por: David González Torres

lacarretera

La crisis económica resucita la temática apocalíptica de catástrofes naturales, invasiones alienígenas y pandemias. Regresan las ficciones que cuentan el antes y el durante del fin del mundo. Sin embargo, existe otra literatura casi profética, ésa que narra la tragedia del día después, ese tránsito de los últimos hombres sobre la faz de un planeta ya devastado.

Rescatamos entonces tres novelas de principios de siglo -y tres autores- de tres zonas geográficas distintas. Hablaremos del escritor argentino Rafael Pinedo y su libro “Plop”. Repasaremos “El aturdimiento”, del francés Joël Egloff. Tampoco olvidaremos una obra maestra, como la del estadounidense Cormac McCarthy y su elogiada “La carretera”.

Estos tres libros convergen en la misma pregunta que sobrecoge: ¿Cómo seremos los humanos tras el fin del mundo? Los tres novelistas coinciden: más salvajes, más despiadados, más crueles, más insensibles; en definitiva, menos humanos.

El escritor fallecido Rafael Pinedo (Buenos Aires; 1954-2006) pronostica en su obra “Plop” un retroceso de la civilización. Es una novela narrada desde un flash back que nos rememora la ascensión al poder de Plop, su protagonista, en medio del éxodo posterior a un apocalipsis no explicado.

Pinedo usa una tercera persona casi aséptica, escasos diálogos que deshumanizan a sus personajes y una atmósfera envolvente que nos atrapa de principio a fin. Al igual que otras novelas post-apocalípticas, Plop nos revela lo que nos define como seres superiores por encima de los animales: nuestra primitiva crueldad. Aquí sólo sobreviven los más fuertes, o dicho de otra manera: los más útiles al grupo.

El personaje central gana su nombre por la onomatopeya de su nacimiento. Plop es el sonido que hizo al caer su cuerpo al barro desde vientre de su madre. Es el iniciado de un clan que se rige por unas reglas neoancestrales: una de ellas es no abrir la boca (ni para comer ni para reír ni para chupar). Una tercera persona nos lleva de la mano de los últimos recuerdos de Plop, mientras lo entierran vivo en un pozo.

Otra de las novelas elegidas cuenta con un comienzo que presenta el denominador común de este tipo de temática. Se trata del Premio Pulitzer 2007. “La carretera”, del estadounidense Cormac McCarthy, también transcurre in media res. Desconocemos cómo aconteció el final del mundo; sólo sabemos lo que ocurre después.

La obra descarnada de McCarthy se inicia con el tránsito, migración o éxodo de un padre y un hijo que portan como únicas pertenencias un carrito de supermercado. Viajan en busca de comida, en una continua huída por un territorio inhóspito y destruido, en el que intuimos que el resto de humanos se han convertido en cazadores caníbales.

Su lectura se acelera gracias a frases escuetas que le da velocidad a la narración, como si estuviéramos también en la escapada de los últimos hombres sobre la tierra que luchan por la supervivencia. La ausencia formal de rayas en los diálogos de “La carretera” genera angustia en el lector y propicia una sensación de desconcierto por el lenguaje intensificado con acciones y despojado de adjetivos.

La tercera recomendación es un libro extraño puesto que nos habla de una sociedad post-industrial deshumanizada. “El aturdimiento”, del francés Joël Egloff, se sumerge en las entrañas de un espacio post-apocalíptico fundado sobre la escombrera de un vertedero de valores. No en vano, Egloff es uno de los integrantes de esa narrativa francesa denominada nuevo existencialismo.

“Cuando sopla el viento del Oeste, huele como a huevo podrido. Cuando viene del Este, se nos agarra a la garganta una especie de olor a azufre. Cuando llega del Norte, se nos echan encima nubes de humo negro. Y cuando se levanta el viento del Sur, lo que por suerte no ocurre muy a menudo, huele simple y llanamente a mierda, no hay otra palabra”.

De esta manera abre “El aturdimiento”, una historia que relata el periplo de un protagonista que vive con su abuela (la familia es una desestructura) y comparte correrías con un compañero llamado Bortch en el matadero en el que trabajan ambos. Describe un paisaje enfermizo, de calor asfixiante y una oscuridad permanente, en la que conviven sus sueños rotos.

Así, desde una Argentina que sólo descansa de sus interminables crisis cada cierto tiempo, profetiza Pinedo; desde la Francia que se cuestiona sus preceptos revolucionarios (los del mayo de 1968), gracias las ideas apellidadas Sarkozy, nos aturde Egloff; y, desde los todopoderosos Estados Unidos -un país que tuvo su emancipación revolucionaria en 1783 y, desde entonces (y ahora con permiso de Obama), ha aplastado con las botas de sus marines todo conato de revolución contemporánea-, nos alerta McCarthy.

Cada uno que busque sus respuestas en estas tres novelas. Lean, si no, de comienzo a fin, las similitudes que nos regalan Rafael Pinedo, Joël Egloff y Cormac McCarthy.

Y, luego, no duden en releer a Thomas Hobbes, quien redefinió el término latino de Platuo -Homo homini lupus- con aquella sentencia casi aforística: el hombre es un lobo para el hombre; pero a la que le sumó la máxima de que el poder es el único mecanismo de supervivencia en un medio hostil.

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Comentarios

Una respuesta a “Literatura que profetiza cómo seremos el día después del fin del mundo”
  1. Palas Atenea dice:

    En estas próximas fechas festivas en las que algunos tendrán tiempo libre, en lo mejor que pueden gastarlo es una buena lectura, especialmente de las que tengan pendientes. Los libros apocalípticos de calidad son una buena opción. Tengo especial interés en leerme el de McCarthy, y seguro que es fácil hacerse con él; resulta penoso que haya libros difíciles de obtener. Por ejemplo, estoy muy indignada porque me he paseado por la sección de libros de el Corte Inglés, la Casa del Libro y la Fnac, he llamado por teléfono a otras tiendas de estas empresas y se han retirado de la venta todos los ejemplares de ‘Coincidencias’, una novela de Sergi Durà, tras la presión de la cadena de radio religiosa por excelencia a los grupos que la distribuyen y la demanda civil presentada por cierto partido político conservador contra Sergi Durà. Por lo visto, ya sabemos lo mal que les sienta a algunos que un libro mezcle sexo, chicas con minifalda y políticos corruptos. El dueño de Ambra, la pequeña librería que me lo ha conseguido, no sin dificultad, me ha dicho que, entre altas dosis de sexo, se burla sin clemencia alguna de políticos corruptos y de otras cosas. Y se han presionado para librarse de ella sólo por párrafos como éste, sobre la corrupción:

    “… Pasa, sobrino, pasa y siéntate. Te decía que os sentáis con el concejal a comer y os lo inventáis; no se te habrá ocurrido dejar a cuarenta obreros en el paro y a mi amigo Pablito sin negocio, ¿verdad? Pues entonces. Hombre, yo que sé, pues que desmonten una avenida y la vuelvan a montar. Organizáis un concurso público, que sólo cumpla las condiciones Pablito y ya está”.

    La novela no tiene desperdicio, parece ser, pero para haceros con ella tendríais que encargarla. Es una pena que se obstaculice la circulación de algunas obras; da mucho coraje y le hace pensar a una en qué país vivimos.

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