El Principito recupera su ingenuidad en versión desplegable
16/05/2010 por: David González TorresRememoren la escena. Casi todos la hemos leído (y visto en las ilustraciones en acuarela originales). El principito, niño de bucles dorados, vestido con su levita azul y gualda, vuela hacia el firmamento agarrado a una hilada de nueve cordeles tirados por una bandada de pájaros. Ahora, la misma escena la podemos tocar, gracias a la reedición en gran formato y con múltiples desplegables (pop ups) que rescatan la obra maestra, los personajes y los escenarios creados por el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944).
“El Principito” (Salamandra, 2009) renace en un libro que mantiene la esencia del original. Al texto del relato corto de Saint-Exupéry y sus dibujos en acuarelas (¿recuerdan la serpiente que se tragó a un elefante y parecía la silueta de un sombrero?), se suma el valor añadido de los desplegables entre páginas realizados por el ingeniero de papel Gérad lo Monaco.
Lo Monaco y su equipo ha tardado casi tres años en culminar esta edición de 72 páginas con pop ups que se ha vendido en casi todo el mundo en más de 14 idiomas. Podremos leer las aventuras de este niño inquieto pero también tocar a “El Principito”, mientras se mantiene erguido en la cima de su planeta, o sobre la copa de su famoso y temido árbol baobab.
Su autor, el escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, fue uno de esos aviadores pioneros en la aviación postal hasta que la Primera Guerra Mundial lo convirtió en piloto militar. Durante una estancia en Nueva York parió “El Principito”, obra publicada en 1943, un año antes de su muerte en el frente francés de Provenza, en plena Segunda Guerra Mundial.
“El Principito” narra el encuentro de un aviador perdido en el desierto del Sáhara (anécdota autobiográfica del autor) con un extraño niño que se hace aquellas preguntas que ya no se plantean los adultos.
“Y así es como conocía al principito”, es una de las frases más célebres del libro. El niño protagonista viaja de planeta en planeta en un viaje iniciático y metafórico hacia el sentido mismo de la vida, la amistad y el amor.
La adaptación de este clásico de la literatura infantil y juvenil francesa, pone de nuevo de moda los desplegables tridimensionales. Ésta es una fórmula que convierte a los libros en nuevos objetos culturales, frente a la llegada del libro electrónico o la saturación de bestsellers policíacos.
Los desplegables nacen en el siglo XVI para incorporarlos a los textos científicos y tres siglos más tarde las pestañas con pliegue se incluyen en los libros decimonónicos que explicaban los avances industriales. Es en los años 70 cuando explotan las ediciones con pop ups para la literatura infantil. Los libros se vuelven más artesanales y se llenan con pestañas tridimencionales de movimiento, divertimento y alegría para los más pequeños.
La reedición en formato desplegable en tres dimensiones de “El Principito” lo convierte no sólo en un libro “para tocar”, sino también para una lectura sosegada y colectiva en corro, donde un lector adulto reúna a un grupo de niños que interactúen con los pop ups.
Rememoremos entonces una de las frases del narrador de este clásico infantil. Toquemos a sus personajes. Comienza el juego y la lectura. “Necesité mucho tiempo para entender de dónde venía. El principito, que me hacía muchas preguntas, nunca parecía entender las mías”.





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