Camilo José Cela, el escritor irreverente

por: David González Torres

Camilo José Cela bajaba de un coche y avanzaba ante una multitud de periodistas que se abalanzaba sobre él en el exterior de los estudios de TVE de Prado del Rey. Era octubre de 1989. No faltó a la tertulia televisiva con su amigo Jesús Hermida, pese a que le habían comunicado el Premio Nobel de Literatura, un galardón ansiado y casi exigido durante años por el escritor coruñés (Padrón, 1916 – Madrid, 2002).

En la obra literaria de Cela permanecen títulos novelescos imprescindibles y de lectura obligatoria escolar. “La familia de Pascual Duarte”, “Viaje a la Alcarria” o, quizás su mejor novela, “La Colmena”. Ésta última, prohibida por el franquismo por sus pasajes eróticos, relata de manera coral los primeros años de la dictadura con historias cruzadas, entre un tono ácido, humorístico y muy barojiano.

“La Colmena” se adaptó al cine por Mario Camus. Cela participó como guionista y tuvo incluso un cameo en el que recitaba: “Poeta, no. Yo jamás he sido capaz de unir más allá de tres o cuatro palabras. Yo soy un inventor de palabras, un creador del lenguaje, con lo cual contribuyo a enriquecer el léxico patrio”.

Nadie cuestiona la obra de Cela, pero sí es cierto que la talla literaria de un escritor no siempre coincide con su presencia pública. No en vano, su literatura también estuvo muy vinculada a una irreverencia muy cuidada al detalle por él mismo.

Quizás, por ello, Cela podría considerarse como el primer gran escritor mediático español. Utilizó a los medios de comunicación como palanca para engrandecer su fama. No sólo quiso reconocimiento (vaticinaba que su busto estaría en los sellos y billetes de banco), sino también exigir públicamente suculentos premios literarios.

La técnica del escritor coruñés era sencilla y copiada del poeta falangista Dionisio Ridruejo. Cela propulsaba una estrategia de la fama por la fama y un gran culto a su personalidad en lo público. Algo así como un sistema de relaciones sociales en que prevalecía lo non grato.

Reclamó el Nobel de Literatura hasta que se lo dieron en 1989. “Ni me sorprende el Nobel ni me sorprende que el año anterior no me lo dieran. No hay que ir de sorpresa en sorpresa, sino de evidencia en evidencia”, explicaba en una entrevista para TVE.

Hasta el Nobel, acumulaba el  Premio de la Crítica (1956), el Nacional de Narrativa y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1987). El Nobel no haría sino catapultarle hacia otros de los millonarios galardones de las letras españolas, como el Premio Planeta (1994) y el Premio Cervantes (1995).

Ocupó desde 1957, hasta su fallecimiento, el sillón Q de la Real Academia de la Lengua. Tildado entre sus detractores de gran farsante, provocador y polémico, sumó un anecdotario de frases célebres, entre la impertinencia y la escatología, que llenaron titulares mediáticos.

Desmintió que hubiera interrumpido con una ventosidad el discurso de Lluís María Xirinacs cuando era senador; pero sí aseguró que era capaz de ingerir por vía anal un litro y medio de agua de una palangana durante su intervención el programa de Mercedes Milá, “Buenas noches”, de TVE.

“No es lo mismo estar jodido que jodiendo”, fue otra de sus sentencias cuasi aforísticas cuando el senador Xirinacs le reprochó verlo sesteando en el asiento del hemiciclo durante su turno de palabra.

Su figura literaria también se rodeó de escándalos y polémicas. Desde las muescas en su biografía como funcionario en una oficina de la censura del régimen franquista, la repetición de discursos íntegros en conferencias, hasta la demanda por plagio por su novela “La cruz de San Andrés”, ganadora del Planeta.

Camilo José Cela fue, en definitiva, uno de los cinco escritores españoles que han ganado el  premio Nobel, junto a José de Echegaray (1904); Jacinto Benavente (1922); Juan Ramón Jiménez (1956); y Vicente Aleixandre (1977); pero, sin duda, fue el más irreverente de todos ellos.

La Academia Sueca lo distinguió “por la riqueza e intensidad de su prosa, que, con refrenada compasión, encarna una visión provocadora del desamparo de todo ser humano”. Provocadora, eso es: una palabra muy supeditada a su biografía.

Hace 20 años acudía a recoger el galardón, junto a su segunda esposa, la periodista María Castaño. Solicitó vestir con pajarita negra de esmoquin y no blanca como mandaba el protocolo. Repetida fue la frase que le propició a la Reina de Suecia cuando ésta le preguntó cómo se encontraba: “Jodido, pero contento”, exclamó.

Horas antes había leído en su discurso de aceptación: “Aparte de mostrar mi gratitud con todo mi corazón, me gustaría que se me permita dejar claro que si me he atrevido a llegar donde estoy ahora es sólo porque entiendo que el premio no sólo me lo adjudican a mí, sino también a mis contemporáneos que escriben en la lengua gloriosa que es nuestra herramienta: el español”. El 17 de enero es la fecha de su fallecimiento en Madrid.

Foto: R. Toledano para Wikipedia.

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