La literatura árabe ya denunciaba la opresión de sus líderes

por: Aviondepapel.tv

En 1988, el mundo real era así. El presidente de los EE UU, Ronald Reagan, no logra los fondos millonarios para financiar la contra nicaragüense y George H. W. Bush (padre) ya se preparaba para el relevo en la Casa Blanca. En España, Pedro Almodóvar ganaba el Goya a la mejor película con Mujeres al borde de un ataque de nervios. Los tanques soviéticos aún desfilaban por Afganistán y un desconocido Osama Bin Laden fundaba en Pakistán el germen terrorista de Al Qaeda.

Entretanto, en Oriente Medio también se recibía una inesperada noticia. Mientras Jordania renunciaba a la Cisjordania ocupada por Israel para propiciar el futuro estado de Palestina, un escritor egipcio recibía la buena nueva desde Oslo.

Gracias a su literatura, al autor Naguib Mahfouz (El Cairo, 1911- 2006) le confirmaban que el mundo árabe había logrado por primera vez el premio Nobel. Ese mismo año, el Nobel de la Paz 1988 lo recibían las fuerzas militares de los Cascos Azules.

En el humilde discurso de aceptación, con disculpa final como posdata, Mahfouz se presentó como un escritor del Tercer Mundo, pero también como el hijo de dos civilizaciones (la faraónica y la islámica), comprometido con la revolución como filosofía contra la pobreza. Su trilogía de El Cairo (Entre dos palacios, Palacio del deseo y La azucarera) le alzaron con el sobrenombre del padre de las letras árabes.

“En la Ribera Occidental y Gaza, hay gente que se ha sublevado para exigir el derecho de un lugar propio y reconocido. Alrededor de ellos existen 150 millones de árabes bajo la ira y el dolor. Esto amenaza con un desastre en la zona, si no se salva por la sabiduría de aquellos deseosos de una paz justa y amplia”, dijo el cairota durante la aceptación del Nobel en Suecia.

Poco después, la salud de Mahfouz se deterioró tras un atentado. Dos extremistas islámicos le asestaban una puñalada en el cuello, porque tildaban su literatura de blasfemia. Los asaltantes fueron ejecutados bajo la soga de la horca en una cárcel cairota. Su novela Hijos del barrio ya estaba prohibida en Egipto.

“Tengo grandes esperanzas de que los escritores de la literatura de mi país tendrán el placer de sentarse con pleno valor entre sus escritores internacionales, que han difundido la fragancia de la alegría y la sabiduría en este mundo plagado de dolor”, leía Mahfouz durante el Nobel.

No en vano, la literatura árabe y Oriente Medio es una de las grandes desconocidas en España. Muchos de los países, excepto Turquía y Arabia Saudí, apenas tienen una destacable producción editorial. Por ejemplo, en Yemen o Bahréin se publican menos de 50 libros anuales, según datos de Naciones Unidas.

Aunque en las postrimerías del dictamen de la Academia Sueca siempre resuenan nombres propios de sus letras en las hemerotecas y en las quinielas. Así reaparecen el israelí Shmuel Yosef Agnón (Nobel en 1966) o eternos candidatos como el iraquí Jabbar Yassin Hussin, el también israelí y pacifista Amos Oz o el libanés, afincado en París, Amin Maalouf.

En España, el interés editorial por autores de Oriente Medio, salvo editoriales marginales, es escaso o nulo. Los editores (y lectores) españoles siempre prefieren más el viaje del occidental a tierras árabes que el testimonio natal.

El autor más mediático en las últimas décadas, quizás sea Salman Rushdie. El escritor hindú publicó en 1988 Los versos satánicos y una fatwa del ayatolá Jomeini lo condenó a muerte. Desde entonces, como perseguido, sigue ocultándose; pero su literatura permanece en novelas como El último suspiro del moro o Furia.

Exiliado de su propio país también se encuentra otro premio Nobel de Oriente Medio. Turquía no es un país árabe, sino un Estado laico de raíces islámicas, que tiene a Orhan Pamuk como Nobel 2006, gracias a El astrólogo y el sultán o Me llamo rojo. Pamuk es el novelista que narra desde un territorio literario llamado Estambul, pero además, bajo el compromiso con los derechos humanos del pueblo armenio y kurdo.

“Los mayores dilemas que enfrenta la humanidad siguen siendo la falta de tierras, la falta de vivienda y el hambre. Sin embargo, hoy nuestros televisores y periódicos nos informan de estos problemas de forma más rápida y más sencilla. Lo que la literatura necesita contar son los temores básicos del miedo a las humillaciones colectivas, las vulnerabilidades, desprecios y agravios”, dijo Pamuk durante la aceptación de su Nobel.

Actualmente, Pamuk vive en EE UU después de que se le prohibiera residir en Turquía por sus declaraciones a la prensa, enunciando en primera persona el número de muertos que el estado turco cometió como genocidio en Armenia en 1915.

Por este motivo, ahora más que nunca, mientras los medios de comunicación nos dictan al minuto los cambios en Libia, Egipto o Túnez, habría que recordar que muchos escritores llevan años novelando la realidad social de Oriente Medio.

Los premios Nobel globalizan a dichos autores, aunque existen otros menos conocidos. La lista sería larga, aunque siempre se enuncian a los escritores sirios Adonis (Ali Ahmad Said Esber), Muhammad al Magut o Nizar Qabbani, al iraquí Badr Shakir Al Sayya y a los palestinos Ibrahim Nasrallah y Mahmud Darwish.

Como cualquier otra literatura, son literatos que nos muestras tanto las virtudes como los males de esa zona del mundo. Una lectura por sus páginas nos abre la puerta a la realidad novelada de sus países.

Share/Save/Bookmarkcompártelo
Fatal error: Uncaught Exception: 12: REST API is deprecated for versions v2.1 and higher (12) thrown in /usr/home/aviondepapel.tv/web/wp-content/plugins/seo-facebook-comments/facebook/base_facebook.php on line 1273