El riesgo de ser bloguera en plena revolución árabe
09/01/2012 por: David González TorresEl ensayo de Lina Ben Mhenni, La revolución de la dignidad, rememora los convulsos días previos a la revolución de Túnez. La bloguera atestigua la represión policial y la censura informativa que el derrocado Ben Alí ejerció antes de renunciar al poder.
Regresemos a mayo de 2010. Estamos en Túnez. El Gobierno del sátrapa Ben Alí ejercía una censura brutal sobre internet. El acceso a blogs y redes sociales siempre tenían el mismo mensaje: Error 404 Not found, o Ammar 404, avatar como llamaban los activistas al bloqueo informativo en la red.
A finales de ese mes, varios blogueros se unen para una manifestación en pleno centro de la ciudad de Túnez. Sabían del peligro.
Los ciberpolicías del régimen habían sustituido sus fotos de perfiles de Facebook por un barco pirata. También habían bloqueado Youtube o Flickr.
La policía, incluso, también había entrado en sus casas y les habían robado portátiles, DVD, cámaras de fotos y vídeo. Además, tenían pinchados sus teléfonos.
Entonces, los activistas se organizan vía Skype y mediante un grupo cerrado de Google. Trazan un plan. Los blogueros se reparten las tareas: quién sube los vídeos, quién las fotos, etcétera. Solicitan manifestarse, pero el Gobierno les niega el derecho.
Dos activistas que cursan la petición son detenidos. Nadie de la policía desvela su paradero.
Así narra la bloguera tunecina Lina Ben Mhenni aquel día en su ensayo La revolución de la dignidad (Destino, 2011). La activista rememora en su libro éste y todos aquellos acontecimientos previos y posteriores a las revueltas ciudadanas contra Ben Alí. El clímax fue en enero de 2011, tras la inmolación del joven Mohamed Bouazzi.
Regresemos de nuevo al 22 de mayo de 2010, según el relato de Lina Ben Mhenni. Tras la desaparición de los dos compañeros activistas, la protesta cobra aún más sentido.
Una multitud de jóvenes vestidos con camisetas blancas toman los cafés del centro de la ciudad reclamando la liberación de los detenidos. La policía secreta y de uniforme agrede a los manifestantes.
Este acto pacífico también fue uno de los gérmenes de las siguientes protestas. Lina Ben Mhenni prosigue en su libro el relato.
Tres meses más tarde, convocan otra concentración. Sortean la censura de internet y logran reunirse en un pueblo al norte de Túnez. Los manifestantes vestían camisetas blancas y llevaban en la mano un ramo de jazmín. Justo cuando bajan del tren que los conducía a la localidad, nace el peligro.
“Cuando bajamos del tren, un grupo de polis nos obliga a volver atrás. Casi me desmayo cuando un oficial, conocido entre nosotros como el rey de la tortura, dijo a sus tropas que quería que los chicos [activistas] se fueran. Los rumores decían que había violado a varias estudiantes a lo largo de su carrera”, narra Lina Ben Mhenni.
Finalmente, los gritos de los jóvenes manifestantes logran que muchos ciudadanos impidieran las detenciones y la amenaza. La ciudadanía evita la tropelía. Sería una victoria parcial que se sumaría a la definitiva meses más tarde. Lo demás, es historia.
Mohamed Bouazzi se inmola y la manifestación de la rabia llega a las calles de Túnez. El pueblo, gracias a las redes sociales y el descontento arraigado, expulsa de su cargo al sátrapa Ben Alí. Túnez embocaría hacia unas elecciones democráticas.
La bloguera tunecina autora de La revolución de la dignidad nos cuenta así los peligros y la represión policial de aquellos meses previos a la primavera árabe. Las redes sociales fueron la herramienta de convocatoria y protesta esencial, como es sabido. No en vano, Lina Ben Mhenni aporta en su libro datos que así lo confirman.
Dos años antes de la revolución, el país tan sólo contaba con 860.000 tunecinos con Facebook. Justo cuando las revueltas ciudadanas logran derrocar a Ben Alí, esa cifra se había disparado hasta los 2,4 millones de perfiles sociales. El clamor por el cambio estaba en la red.
Sin embargo, el libro de esta bloguera tunecina no acaba con final feliz. La activista denuncia que aún sigue habiendo motivos para la lucha. Publicado antes de las elecciones generales de su país, La revolución de la dignidad, lanza un mensaje crítico en su último capítulo.
“La lucha continúa. Lo que me preocupa es que vamos a entrar en campaña electoral con los medios de Bel Alí. Algunos editores de periódicos siguen siendo los mismos”, narraba la bloguera en las últimas páginas.
“Tenemos que volver a nuestras pantallas. Repito: el papel de un bloguero nunca se acaba”, finaliza la activista tunecina, en su proclama. Si se relee, más bien parece una súplica.



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